
Ilustados con la imagen del Entierro del Conde Orgaz, del Greco, contemplamos la Palabra que nos presenta la propuesta de felicidad del Reino de Dios.
1. Leemos el evangelio de San Mateo 5,1-12a
En aquel tiempo, 1 al ver Jesús al gentío, subió a la montaña, se sentó y se acercaron sus discípulos, 2 y él se puso a hablar enseñándoles:
3 Dichosos los pobres en el espíritu,
porque de ellos es el reino de los cielos.
4 Dichosos los sufridos,
porque ellos heredarán la tierra.
5 Dichosos los que lloran,
porque ellos serán consolados.
6 Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia,
porque ellos quedarán saciados.
7 Dichosos los misericordiosos,
porque ellos alcanzarán misericordia.
8 Dichosos los limpios de corazón,
porque ellos verán a Dios.
9 Dichosos los que trabajan por la paz,
porque ellos se llamarán "hijos de Dios".
10 Dichosos los perseguidos por causa de la justicia,
porque de ellos es el reino de los cielos.
11 Dichosos vosotros cuando os insulten, y os persigan, y os calumnien de cualquier modo por mi causa. 12 Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo.
Orientaciones para la lectura
1. La bienaventuranzas son, junto al texto de la sal y la luz (Mt 5,13-16), el pasaje que abre el conocido "sermón del monte" de Mateo. Este sermón es el primero de los cinco grandes discursos de Jesús, presentes en este evangelio:
1. El sermón del monte (5,1-7,29)
2. El discurso de misión (9,35-10,42)
3. Las parábolas (13,3b-52)
4. El discurso eclesial (18,3-34)
5. El discurso escatológico (23,1-25,46)
Siguiendo la lectura continua del evangelio de Mateo, las bienaventuranzas están situadas inmediatamente después de la llamada de los primeros discípulos (4,18-22) y de un sumario que, de modo concentrado, nos habla de cómo Jesús anunciaba el Reino, con palabras y con obras, en Galilea.
2. Al leer la bienaventuranzas, podemos fijarnos, en primer lugar, en cuáles son sus protagonistas. ¿Quiénes están presentes? ¿Quiénes hablan? ¿Quiénes escuchan? Tres son los personajes que se mencionan: Jesús, actor principal de toda la escena, los discípulos y la muchedumbre.
La muchedumbre estaba constituida por gente más bien sencilla y necesitada. Se habla de enfermos y aquejados de diversos sufrimientos (4,24). Cuando Jesús ve a esa gente, se pone a enseñar. Es la presencia de la muchedumbre y su necesidad la que motiva la enseñanza de Jesús. Marcos dice también algo parecido en 6,34: "Y al desembarcar, vio mucha gente, sintió compasión de ellos, pues estaban como ovejas que no tienen pastor, y se puso a enseñarles largamente".
Ésas son las muchedumbres que siguen a Jesús. De ellas hubiera dicho Pablo, como dijo de los cristianos de Corinto: "Entre vosotros no hay muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles. Dios ha escogido, más bien, lo necio del mundo para confundir a los fuertes" (1 Cor 1,26-27).
Los terceros protagonistas del pasaje son los discípulos de los que, hasta el momento, sólo conocemos los cuatro que han sido llamados en 4,18-22: Simón Pedro, Andrés, Santiago y Juan.
3. Viendo a la muchedumbre, Jesús "subió al monte, se sentó y sus discípulos se le acercaron. Y, tomando la palabra, les enseñaba...".
Alguien que "sube al monte" y desde allí da la Palabra recuerda, inevitablemente, a Moisés. Ya el evangelio de la infancia de Mateo evocaba a Moisés en relación con Jesús, al hablar de la matanza de los inocentes y de la huída a Egipto. Y es que en Jesús se cumple la palabra de Dios dirigida a Moisés en Dt 18,15-18: "El Señor, tu Dios, suscitará, de en medio de ti, un profeta como tú entre tus hermanos, a quien escucharéis". Jesús es ese profeta. Pero es algo más que un profeta: es el único Maestro (Mt 23,8), la Palabra encarnada (Jn 1,14), la sabiduría del Padre. Él se sienta en la cátedra de Moisés y enseña en qué consiste el Reino y cómo han de ser las relaciones que se establecen entre los hijos del Reino entre sí y con Dios.
Las bienaventuranzas constituyen el pórtico de entrada al discurso sobre el Reino. Este discurso va dirigido no sólo a los discípulos, que, en la escena, se sientan más cerca de Jesús, sino también a la muchedumbre.
4. "Bienaventuranza" significa "felicidad". Jesús, según Mateo, proclama felices a ocho categorías de personas: los pobres de espíritu, los mansos, los que lloran, los que tienen hambre y sed de justicia, los misericordiosos, los limpios de corazón, los que trabajan por la paz y los perseguidos por causa de la justicia. La novena proclamación de felicidad no hace sino ampliar la octava, "dichosos los perseguidos". Esta vez la causa no es la justicia sino "mi causa", la persona de Jesús. Y añade el motivo que tienen para estar alegres los que son maltratados de ese modo: "porque su recompensa será grande en los cielos".
2. Meditamos el evangelio
1. Nadie desea ser desdichado, sufrir o carecer de cosas que contribuyen a alcanzar la "calidad de vida" que tanto preocupa en la actualidad y de la que tanto se habla. Una buena alimentación, tiempo libre, ejercicio físico y relaciones interpersonales positivas constituyen los consejos repetidos en los medios de comunicación (revistas y programas de salud y nutrición) para alcanzar la ansiada felicidad y la paz interior. A esto hay que añadir la estética y la cosmética, que prometen proporcionar una imagen aceptable, dentro de los cánones de belleza establecidos, según los cuales un rostro lleno de arrugas o unos cabellos blancos delatando la edad de modo impertinente serían motivos más que suficientes para hundir en la desdicha a las personas que padecieran semejantes males...
Tras esta caricatura se esconde una denuncia: ¿adónde nos arrastra la publicidad y la sociedad de consumo a poner nuestra felicidad? ¿Cuántas veces escuchamos que luchar por la justicia, trabajar por la paz o ser mansos y no prepotentes puede ser una fuente de felicidad y realización mayor que invertir en bolsa, aparentar diez años menos o comprar un coche mejor?
1. Reflexiona qué es lo que te hace sentir feliz o satisfecho/a habitualmente.
2. ¿Te lamentas, a veces, por carecer de cosas que te harían sentir más feliz? ¿Qué cosas echas en falta?
3. ¿A quiénes de las personas que conoces consideras felices? ¿Por qué?
4. ¿Tiene algo que ver tu proyecto de felicidad con el de Jesús proclamado en las bienaventuranzas?
2. Contempla cómo Jesús vive las bienaventuranzas:
1. Él es el pobre de bienes que no tiene dónde reclinar la cabeza (9,58), a quien el Padre asiste con su Providencia, como a las aves del cielo y los lirios del campo (Mt 6,25-34);
- es el pobre de espíritu, unido a Dios y abandonado a su voluntad (Mt 6,10; 26,42), para quien el Padre es el tesoro de su vida (Mt 13,44; 6,21);
2. es el manso que renunció a un mesianismo de poder (Mt 11,29; 21,5; 27,12-14), en cuyas manos el Padre puso todas las cosas (Mt 11,27);
3. es el que lloró por su amigo Lázaro y por el desastre de Jerusalén (Jn 11,35; Lc 19,41) y encontró en el Padre su consuelo (Jn 11,41-42);
4. es el que tuvo hambre y sed en el desierto (Mt 4,2) y cuyo alimento era hacer la voluntad del Padre (Jn 4,31-30);
- es el hambriento y sediento de justicia, a quien el Padre hizo justicia rescatando su vida de la muerte (Hch 2,24);
5. es el misericordioso con los enfermos y pecadores (Mt 9,36) que encontró misericordia en quien lo resucitó de entre los muertos (Hb 5,7);
6. es el limpio de corazón que veía y escuchaba a Dios (Mt 3,16-17);
7. es el pacífico que ordenó envainar la espada a su defensor (Mt 26,52-53) a quien el Padre llamó dos veces: "Mi Hijo amado, mi predilecto" (Mt 3,17; 17,5);
8. es el perseguido por hacer justicia a los pobres de la tierra (Jn 5,18; 7,19; 8,59; 10,39) cuya recompensa fue Dios mismo.
3. Contempla a todas las personas que encontraron la felicidad al encontrarse con Jesús (el leproso, el paralítico, la hemorroisa, la mujer encorvada, la cananea, Zaqueo, la pecadora pública...). ¿Te ha pasado a ti lo mismo?
4. Repite, a menudo, a lo largo de la semana: "Dichosos los pobres, porque suyo es el Reino de Dios".
3. Oramos el evangelio
1. Señor, a veces pretendo grandezas que superan mi capacidad. Mi corazón es ambicioso y deseo ser más importante que los demás, ser halagado, tenido en cuenta, estimado. Por eso mi corazón se acongoja ante las críticas, y mis nervios se crispan ante los fracasos y contratiempos que trae la vida. Quiero conseguir el aprecio de los demás por mis éxitos, y nunca estoy seguro de ser amado por mí mismo.
Quiero aparentar seguridad y fortaleza, pero la verdad es que a menudo me siento como un niño desvalido y necesitado de Alguien más fuerte. Por eso, te suplico...
2. Señor, ¿cómo voy a ser manso si sólo quien es agresivo triunfa? ¿Cómo escalaré puestos en mi empresa, si dejo que otros me pisen el terreno? ¿Cómo dejaré que me insulten cuando sé defenderme con un sarcasmo capaz de silenciar a cualquier adversario? Pero, cuando procedo así, no me siento bien, Señor. Estoy tenso y nervioso. Mi hogar se transforma en un lugar frío e inhóspito y mi trabajo, en un campo de batalla.
3. Señor, hace mucho que no lloro. Cada vez me resulta más difícil conmoverme. Ninguna imagen, ninguna noticia, ninguna desgracia sacude la fuente de mis lágrimas. No me siento vivo. No me siento humano.
4. Señor, tengo hambre y sed de muchas cosas: aparatos tecnológicos de última generación, ropa que sustituya la del año pasado, dinero para consumir lo que me ofrece el mercado... Mis ojos no se detienen en la injusticia que sufren los pobres, tan lejanos y tan ajenos
5. Señor, el ritmo de vida que llevo me inmuniza contra la compasión: no tengo tiempo para escuchar a los demás, no tengo tiempo que perder, no puedo darme cuenta de si alguien necesita de mí.
6. Señor, nadie puede decir que no trabajo por la paz: he gritado "¡paz!" en todas las manifestaciones de mi ciudad. Sin embargo... me cuesta ceder, mi rostro es duro, mi palabra, arrogante, mis principios, rígidos e intransigentes.
Tags: noticia